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Dónde estoy

En resumen, al final de esta historia: la de convertirme en médico especialista de Medicina Familiar. 
¿Contenta? Extasiada. ¿Con ganas? Deseosa. Tanto, que me comería el mundo con cuchara cuando me levanto cada mañana. Con algo de fresas.
En esta empresa, te levantas dispuesta a afrontar el vendaval o mejor no te levantas. 

ADICTA

En mi última guardia, varios pacientes me han pedido que les recete medicación "sedante". Aproximadamente una cuarta parte de los que vi en total. Los motivos por los que debía darles ese tratamiento eran "sus problemas". En algunos casos: estrés por algún familiar enfermo, o muerte del mismo. Algunos pacientes tenían familiares que habían fallecido hacía más de 10 años y aún seguían con medicación "para los nervios". "Para dormir", "para no pensar en eso", "porque me encuentro mal".

A lo mejor me llaman mala médico. Pero a todos les di la misma explicación y me negué a darles más dosis del medicamento que pedían. Una chica joven, de 33 años, casi me suplicó por un comprimido. Me contó que lo tomaba a diario y que si no lo hacía se sentía muy mal. Había tomado más de la cuenta a raíz de una discusión familiar y quería aún más. Le pregunté si sabía que era adicta. Ella me respondió que no lo era. Entonces yo le contesté, "pues tienes un grave problema, pide ayuda". Y así, uno tras otro. 

PARA LOS NUEVOS RESIDENTES

Querido R1,

Hace sólo dos años yo estuve en el mismo lugar que tú. Primero en la puerta del centro de salud, preguntándome si valdría para este trabajo y luego frente a la de Urgencias, planteándome cómo iba a conseguirlo. Por eso sé que estás asustado como un conejito. Pero que sepas que empezar esta nueva etapa de residente es lo mejor que te podía pasar. Y como decía una amiga "está todo en el coco". 

Recuerdo las risas compartidas, cuando conocí a mis amigas, los primeros cursos, mi primera guardia, las fiestas en verano, las deseadas vacaciones, el primer congreso y lo que me enseñó una compañera R4 de Familia en su día: "R1 bienvenida, R2 disfruta, R3 estudia y R4 adiós". Así que a ti te doy la bienvenida, a mí me toca poner los codos y empezar a estudiar para aclarar todo lo que he ido registrando en mi cerebro en los últimos dos años y que tenga algo de sentido. 

Me dijeron tantas cosas al principio... Que el tiempo se me pasaría muy rápido y así ha sido. Los días se pasan volando y tengo la sensación de que se me escapa la vida de lo rápida que va. Que mis preocupaciones y dudas irían cambiando a medida que iba aprendiendo y así ha sido. A veces me parece que la que empezó la residencia es una persona completamente diferente a la que soy actualmente. Que me iba a sentir como en familia y así ha sido. Es muy reconfortante saber que no trabajas solo, sino que eres parte del equipo y esto te lleva a conocer con frecuencia a personas geniales. Que sería duro coger el ritmo de trabajo y sobre todo, de las guardias y así ha sido. Hasta el punto de que cuando tengo guardia entro en el Servicio de Urgencias con el pie derecho por si eso pudiera ayudar. Malamente.

Entre tú y yo lo que quiero decir es que no tengas miedo, porque lo más duro de tu carrera ha sido llegar hasta aquí y ahora viene lo mejor. Disfruta cada momento y cada experiencia. Yo lo hago. Sin dejar de agradecer cada día lo que aprendo y la gente maravillosa que voy conociendo por el camino.

¡Buena suerte en tu viaje! ¡Bienvenidos!

TÚ, OTRA VEZ

Durante la carrera de medicina hice buenas amistades. Aunque no debían ser muy buenas si prácticamente no duró ninguna más allá de los 7 años que anduve por la facultad. Yo creo que era cosa del edificio, no me daba buena espina y el mejor rincón que tenía nadie sabía que existía. El puñado de amigos que conservo ha vivido conmigo muchas risas, más cotilleos, un MIR y algunas lágrimas. Eso une, aún en la distancia.

Los otros, los ninguno, los "no te entiendo ", los "de verdad que lo siento", los "ya te llamaré " y los "¿qué he hecho?" pasaron a la historia. De hecho han pasado tantos capítulos tras ellos, que casi hasta los he olvidado. Todos tuvieron su momento. Me enseñaron buenas lecciones: ser yo misma, ser sincera, ser valiente y a no escatimar en autoestima.

La excepción es una persona llamada Y. que puede que lea esto algún día y se sienta identificada. Sí, tú. Hasta ahora mi mejor amiga, cómplice, compañera de prácticas y de la vida. Por alguna razón siempre sentí que quedaron muchas palabras sueltas y cabos mal atados. Fuiste alguien que me hizo papilla los sesos por preguntarme tanto qué había salido mal. Lo único que aprendí contigo es que nunca hay que meter a terceras personas entre tú y yo.

No la he vuelto a ver en años y aún sigo queriendo respuestas de ella. Ilusa, por creer que una amiga es como una hermana y que duraría para siempre. Siempre está muy lejos. Lo gracioso de esto es que la vida ha volteado de una manera tan burlona que me ha llevado a conocer a alguien exactamente igual. Mismo carácter, edad similar, una mujer actual y moderna, con intereses comunes y relación próxima. Alguien que por cercanía ha querido ofrecerme su amistad. Aunque yo ya no estoy para emociones fuertes. Que busque a otra con quien compartir los trucos de cocina y los blogs que sigue. Yo me tomo las copas en compañía de gente menos complicada y me río mucho más.

Esta entrada es para Y. donde quiera que se encuentre. Sé feliz, amiga.

CÓMO VES LA VIDA

Crees que sabes quién eres. Crees que sabes qué quieres. Y luego pasan los años y te das cuenta de que no tenías ni idea. No la tenías a los 19, ni a los 30 ni a los 72. Pero yo hablo hasta los 27, que es lo que conozco hasta hoy. Miramos al mundo a través de prejuicios propios y de otros. Sesgamos lo que decimos con lo que creemos. Y somos tan necios entre tú y yo. Cometemos el error de tomarnos en serio cuando lo mejor es reírse de uno mismo. Porque lo curioso es que en este mundo apostar por la certeza es perder. Evalúa cada etapa y actúa según lo que sabes hasta ese momento. No creas saber más ni menos de lo que corresponde. No quieras vivir por vivir. Me disgusta ver niñas con iPhones que piensan que pueden comerse el mundo hacerse jóvenes que sufren maltrato o acoso para terminar siendo mujeres maduras con tratamientos en plural para la ansiedad o la depresión. ¿Tú cómo lo ves? 

ACERCA DE DEB PITA

¡Hola!

Gracias por darme un minuto de tu tiempo. Este blog es un gran desafío y a la vez un viejo amigo que me gusta compartir entre tú y yo. El único interés que siempre me ha movido es poder entretener a los demás con anécdotas y pequeñas reflexiones de la vida cotidiana. Si quieres saber quién soy, te explico. 

Lo que siempre me definirá en pocas palabras es que soy una persona diferente. Aunque yo me considero muy normal. Escribir ha sido para mí un hobby que comencé hace más de 10 años y que me ha llevado a conocer mejor la complicidad del pensamiento humano y el mío propio. 

Nací en La Laguna, Tenerife. En el colegio era muy buena estudiante y me emocioné tanto que acabé haciendo la carrera universitaria en Medicina. Me llevó 7 años terminarla, un puñado de amistades, algunas menos copas y una cantidad ingente de horas de biblioteca. El examen MIR que preparé y realicé en Madrid en 2015 no se quedó atrás, casi acaba con mi vida, pero lo superé. En la actualidad me encuentro felizmente realizando la residencia por cuatro años en Medicina Familiar y Comunitaria en Las Palmas de Gran Canaria. Aunque esta ciudad no es mi lugar de origen, me he sentido atraída por ella desde siempre y ahora, en este punto de mi vida, me encuentro echando raíces.

Mi vida me ha llevado a viajar, cosa que me encanta, y a su planificación le dedico gran parte de mi tiempo libre. Pero sin duda el mayor viaje que he hecho ha sido el que me ha traído hasta hoy. Hasta este sitio en el mundo de adultos donde cada palabra cuenta, y cada silencio, cuenta el doble. Donde jugar es peligroso y jugársela, más. Este es un mundo exigente y agotador, algunas veces asfixiante, que cada mañana es diferente. Así es difícil hacerse un hueco, hacerse oír y hacer que cuentes. 

Lo que importa es que, por algún motivo, conectar con los demás nos hace sentir mejor. Saber que al otro le ocurre lo mismo que a nosotros nos alivia. Desconectar por momentos y leer unas palabras anónimas a veces es el descanso que necesitamos de esta vida agitada que llevamos. 

Por la razón que sea, espero que leas. A mí. A los demás. 
Descubrirás que las palabras dicen más... mucho más. 

Marie Kondo dice

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