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Dónde estoy

En resumen, al final de esta historia: la de convertirme en médico especialista de Medicina Familiar. 
¿Contenta? Extasiada. ¿Con ganas? Deseosa. Tanto, que me comería el mundo con cuchara cuando me levanto cada mañana. Con algo de fresas.
En esta empresa, te levantas dispuesta a afrontar el vendaval o mejor no te levantas. 

EL ÚLTIMO

strawberry chocOlate & vanilla mini donuts: Creo que el triste sentimiento de llegar el último merece que le dedique estos minutos de gloria.

Es relativamente frecuente que los pacientes traigan regalos a las consultas. No soy partidaria, pero a ellos les gusta. Total. Qué daño hace un dulcito. A veces somos los propios trabajadores los que llevamos comida para compartir a media mañana. Siempre hay algún residente agradecido, un rotante de fuera que se despide, alguien se jubila y entre tanto melodrama y yo entra bien algo para chascar. Reponer baterías a media mañana es necesario. Lo duro ocurre si tienes la desgracia de tener la mañana ocupada y tienes que saltarte el kit-kat.

Entras como en un remolino de hambre-sed y al final sueles terminar comparando las lesiones de los enfermos con comida. Esta es la triste historia del médico residente. Pocas veces tenemos tiempo para desayunar y si acaso estás de suerte y tienes un minuto para pasar por el office, llegas con frecuencia a coger el último trozo y... la verdad es que antes de pensar por qué estaba ese trozo solito ahí, si se cayó al suelo o lo tocaron con las manos sucias, ya te lo has comido.

TANTAS MUJERES DESNUDAS

Minimalist swimwear by Lido: Por iniciativa de mi novio me aboné hace ya unos meses en el pabellón deportivo municipal dando así el golpe definitivo a mi fobia a los vestuarios

No es por pudor. Bueno, vale sí. Al igual que no hago top-less en la playa desde nunca. En los vestuarios no entiendo qué problema tienen con poner duchas y cambiadores cerrados con puertas. Creo que en general sería de más agrado para las mujeres y chicas jóvenes que tienen que despojarse de todas sus prendas para ducharse enfrente de sus amigas, madres o hermanas. A un puñado de ellas no les importará lo más mínimo pero estoy segura de que a muchas más, sí. 

Ya se desnudan bastante hablando sin tapujos de sus problemas cotidianos, de los hombres, de los logros de sus hijos, de las cremas que usan, de sus amigas que han fallecido, de lo difícil que es sacarse el carnet de conducir, de los chicos que les gustan y de lo que esperan de su primera cita de este sábado, del último viaje que hicieron, de su nuevo teléfono móvil o de lo que van a comer esa noche. En esos vestuarios se respira un rumor de historias cruzadas intrigante y a la vez emocionante. Es inspirador para alguien como yo que expone pedacitos de su persona en este blog, un lugar mucho más público que ese vestuario. Por eso me gusta escuchar mientras me ducho con ellas y al final, me doy cuenta de que yo sólo soy una más entre tantas mujeres desnudas.

HISTORIA DE DOS PERSONAS

Esta es la historia de dos personas que rompieron su relación. Cada uno lo contó a sus amigos a su manera, pues cada uno tenía su propia versión de los hechos. Y así es cómo perdieron ambos la auténtica historia por el camino.

Si partimos de este hecho tan elemental, y tan frecuente, llegaremos a la conclusión de que nada de lo que nos cuenten, el uno o la otra, será la verdad. Y al final el conflicto lo tenemos nosotros al tener que decidir qué historia creer, si la de "A" o la de "B". O ninguna. Lo que está claro es que cada uno de nosotros es la suma de sus experiencias y en ese contexto tan variado no es sino lógico que cada evento desencadene múltiples vivencias distintas. La verdad que buscamos entre tú y yo es sólo una, aunque es difícil de averiguar y, sinceramente, no la necesitamos. Los amigos están para "estar". Estar por ti, estar ahí, estar siempre. 

¿POR QUÉ LLORAS, PEQUEÑA?

Esta semana, durante una de mis rutas de pateo urbano, vi una estampa poco menos que lamentable. Estaba allí, en una calle secundaria de las que no recuerdas ni el nombre. Se trataba de una mujer joven, que se encontraba sentada en el borde de una acera llorando mientras sacaba de manera lenta y temblorosa un paquete de tabaco del bolso. Parecía necesitar una amiga, un abrazo y un pañuelo. Pero  estaba sola y nadie se paró, ni siquiera yo. La historia que pudo haber entre tú y yo allí quedó, al amparo de la sombra y el silencio de aquel cruce sin dueño. Sólo le pertenece a ella. Cruzamos por muchas calles a diario ignorando los demonios que acechan a los desprevenidos.

TÚ, OTRA VEZ

Durante la carrera de medicina hice buenas amistades. Aunque no debían ser muy buenas si prácticamente no duró ninguna más allá de los 7 años que anduve por la facultad. Yo creo que era cosa del edificio, no me daba buena espina y el mejor rincón que tenía nadie sabía que existía. El puñado de amigos que conservo ha vivido conmigo muchas risas, más cotilleos, un MIR y algunas lágrimas. Eso une, aún en la distancia.

Los otros, los ninguno, los "no te entiendo ", los "de verdad que lo siento", los "ya te llamaré " y los "¿qué he hecho?" pasaron a la historia. De hecho han pasado tantos capítulos tras ellos, que casi hasta los he olvidado. Todos tuvieron su momento. Me enseñaron buenas lecciones: ser yo misma, ser sincera, ser valiente y a no escatimar en autoestima.

La excepción es una persona llamada Y. que puede que lea esto algún día y se sienta identificada. Sí, tú. Hasta ahora mi mejor amiga, cómplice, compañera de prácticas y de la vida. Por alguna razón siempre sentí que quedaron muchas palabras sueltas y cabos mal atados. Fuiste alguien que me hizo papilla los sesos por preguntarme tanto qué había salido mal. Lo único que aprendí contigo es que nunca hay que meter a terceras personas entre tú y yo.

No la he vuelto a ver en años y aún sigo queriendo respuestas de ella. Ilusa, por creer que una amiga es como una hermana y que duraría para siempre. Siempre está muy lejos. Lo gracioso de esto es que la vida ha volteado de una manera tan burlona que me ha llevado a conocer a alguien exactamente igual. Mismo carácter, edad similar, una mujer actual y moderna, con intereses comunes y relación próxima. Alguien que por cercanía ha querido ofrecerme su amistad. Aunque yo ya no estoy para emociones fuertes. Que busque a otra con quien compartir los trucos de cocina y los blogs que sigue. Yo me tomo las copas en compañía de gente menos complicada y me río mucho más.

Esta entrada es para Y. donde quiera que se encuentre. Sé feliz, amiga.

HABLA CON GESTOS

Hace unos días estaba en la piscina haciendo ejercicio, o intentándolo. Había mucha gente esa mañana. En el mismo carril que yo había varias personas con lo que había que andarse con cuidado. En una de las vueltas, iba detrás de una señora que nadaba de espaldas. Pude ver como nadó hasta llegar al mismo borde de la piscina, contra el que chocó. Me miró con sorpresa y yo dije: "no, ya no hay más piscina jajaja". Me hizo gracia y me reí. Ella no se rió. Pensé que llevaría tapones en los oídos y no me habría escuchado. Pero detrás de mí llegó un hombre que habló con ella... con lenguaje de signos. En ese momento no pude evitar sentirme un poco mal por pensar que igual la mujer creía que me reía de ella. Así que, si puedes, habla también con el gesto. Porque no sabes si con quien hablas, puede escucharte

EN REHABILITACION

Este blog supone para mí una doble rehabilitación. 

En primer lugar porque tras un año sin dar señales de vida entre tú y yo, he tenido que quitar más telarañas que en un cuarto trastero (todavía estoy limpiando). Por esto he decidido empezar en esta nueva web. La razón por la que durante todo ese período he estado ausente es porque ha habido otro proyecto al que me he dedicado por completo. Algo tan bonito y natural como lo es mi relación de pareja. Esta me ha hecho experimentar sentimientos muy profundos y con él, he podido ser la mujer que siempre quise ser: tal cual soy, yo misma. En segundo lugar, hay otro motivo por el que dejé de escribir. No es algo tan emocionante, sino un detalle más bien mecánico. Durante meses he tenido un problema en la muñeca izquierda que me dificultaba enormemente teclear y que me ha llevado hasta el quirófano. Ahora me encuentro bien, el asunto en cuestión está literalmente "fuera de mí" y en proceso de recuperación. 

En resumen, nunca quise irme, nunca me fui. La única pena que tengo es qué fue de todo aquello que quise compartir contigo y por contra cayó en el ayer, en el olvido o en la papelera de reciclaje. 

LUCKY UNLUCKY

Cuando vives sin padres, desafías al infortunio. Es un alivio saber que tu madre no va a ser testigo de las catástrofes entre tú y yo y no estará ahí para advertirte: "ya te lo dije". Me gusta vivir al límite, por ejemplo, poniendo las cajas de zapatos encima de la mesa o de la cama. La primera vez que lo hice sentí angustia por dentro y me giré hacia detrás esperando que algo malo ocurriera. No pasó nada sobrenatural en aquella ocasión. Lo siguiente fue comprarme un paraguas nuevo que, claramente, no me iba a llevar de la tienda sin probarlo allí mismo. Lo abrí un poquito, lo justo para probar el mecanismo de apertura pero era de los automáticos y de golpe, se abrió por completo. Ya con eso esperaba al menos perder la cartera y tampoco en aquella ocasión hubo catástrofe alguna. Así que con estos y algunos otros desafíos empecé a descreer en la mala suerte y empecé a darme cuenta de que si algo ha de ocurrirte, te ocurrirá sin importar mucho qué hiciste con el salero ayer. Sentirse afortunado es asunto más del corazón que de los espejos.

Historia de una colisión

Hace unos meses fui testigo de una triste historia que me gustaría contarte. 

Aquella mañana yo me encontraba haciendo mi trabajo en el hospital con una médico adjunta de Medicina Interna. Al pasar por uno de los pasillos, esta médico se encontró con una compañera de otra especialidad que yo no conocía e intercambiaron unas palabras. Yo me mantuve un momento al margen. No estaba ni prestando atención a la conversación sino que miraba mi teléfono móvil. Cuando volví a mirar, la médico que tenía frente a mí estaba llorando. En ese momento mi adjunta y yo la sostuvimos por los hombros y la dirigimos a la salida, fuera de la vista de los otros pacientes. 

Ya en un lugar más tranquilo escuché lo que tenía que decir. Eran malas noticias para ella. Se trataba de su padre, que estaba ingresado porque tenía cáncer de colon. Se lo acababan de diagnosticar y el estadío era avanzado. Nos contó que su padre había tenido un deterioro muy rápido. En las últimas semanas había pasado de ser una persona sana e independiente a ser un paciente de cuidados paliativos con una esperanza de vida de menos de 6 meses. Estuvimos un rato con ella hasta que, más tranquila y resignada, pudo volver a su trabajo. 

No volví a verla en bastante tiempo. Tanto que se echaron encima 6 meses. Una mañana me tropecé con ella en la tienda del hospital. Yo iba a por mi revista de viajes y por supuesto ella no me reconoció. Al verla aparecer de detrás de la estantería me fijé en que estaba embarazada, de al menos 8 ó 9 meses. Menuda sorpresa. 

Pensé en lo que había escuchado aquella vez y ahora ella estaba a punto de tener un bebé, ¿cómo estaría su padre? ¿se perdería conocer a su nieto? Ella miraba los libros distraída mientras se comía un dulce. Yo pensaba que a veces "todo se junta" entre tú y yo. Parece que ocurre una colisión tan grave que pueda hacer pararse a los planetas en suspensión gravitatoria aunque este efecto sólo dura hasta que llega la siguiente colisión. La verdad es que somos dados bailando al son de una canción de la que no sabemos ni la letra. Vida caprichosa. Maldita vida.  

Marie Kondo dice

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