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¿POR QUÉ LLORAS, PEQUEÑA?

Esta semana, durante una de mis rutas de pateo urbano, vi una estampa poco menos que lamentable. Estaba allí, en una calle secundaria de las que no recuerdas ni el nombre. Se trataba de una mujer joven, que se encontraba sentada en el borde de una acera llorando mientras sacaba de manera lenta y temblorosa un paquete de tabaco del bolso. Parecía necesitar una amiga, un abrazo y un pañuelo. Pero  estaba sola y nadie se paró, ni siquiera yo. La historia que pudo haber entre tú y yo allí quedó, al amparo de la sombra y el silencio de aquel cruce sin dueño. Sólo le pertenece a ella. Cruzamos por muchas calles a diario ignorando los demonios que acechan a los desprevenidos.

CÓMO VES LA VIDA

Crees que sabes quién eres. Crees que sabes qué quieres. Y luego pasan los años y te das cuenta de que no tenías ni idea. No la tenías a los 19, ni a los 30 ni a los 72. Pero yo hablo hasta los 27, que es lo que conozco hasta hoy. Miramos al mundo a través de prejuicios propios y de otros. Sesgamos lo que decimos con lo que creemos. Y somos tan necios entre tú y yo. Cometemos el error de tomarnos en serio cuando lo mejor es reírse de uno mismo. Porque lo curioso es que en este mundo apostar por la certeza es perder. Evalúa cada etapa y actúa según lo que sabes hasta ese momento. No creas saber más ni menos de lo que corresponde. No quieras vivir por vivir. Me disgusta ver niñas con iPhones que piensan que pueden comerse el mundo hacerse jóvenes que sufren maltrato o acoso para terminar siendo mujeres maduras con tratamientos en plural para la ansiedad o la depresión. ¿Tú cómo lo ves? 

LUCKY UNLUCKY

Cuando vives sin padres, desafías al infortunio. Es un alivio saber que tu madre no va a ser testigo de las catástrofes entre tú y yo y no estará ahí para advertirte: "ya te lo dije". Me gusta vivir al límite, por ejemplo, poniendo las cajas de zapatos encima de la mesa o de la cama. La primera vez que lo hice sentí angustia por dentro y me giré hacia detrás esperando que algo malo ocurriera. No pasó nada sobrenatural en aquella ocasión. Lo siguiente fue comprarme un paraguas nuevo que, claramente, no me iba a llevar de la tienda sin probarlo allí mismo. Lo abrí un poquito, lo justo para probar el mecanismo de apertura pero era de los automáticos y de golpe, se abrió por completo. Ya con eso esperaba al menos perder la cartera y tampoco en aquella ocasión hubo catástrofe alguna. Así que con estos y algunos otros desafíos empecé a descreer en la mala suerte y empecé a darme cuenta de que si algo ha de ocurrirte, te ocurrirá sin importar mucho qué hiciste con el salero ayer. Sentirse afortunado es asunto más del corazón que de los espejos.

Marie Kondo dice

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